Es una iniciativa destinada a estrechar los vínculos con las instituciones académicas relacionadas al sector, los graduados y el Estado.
La renovación y adaptación de las instalaciones de baja tensión y garantizar que los productos y artefactos eláctricos sean seguros es un compromiso de CADIEEL con la comunidad.
Multiplicar el empleo y las exportaciones e incentivar la investigación y la innovación son algunas de las ventajas de este proyecto de ley.
Una iniciativa que apunta al desarrollo de la industria nacional para generar más empleo y expandir el mercado.

Que la energía es imprescindible es algo que nadie pone en duda. Pero, quizás, como ciudadanos, somos poco conscientes del incalculable valor que tienen los recursos posible el bienestar cotidiano.
Además de su precio, la energía tiene un costo social, por ser un bien escaso, agotable y que debemos administrar racionalmente.
Por otro lado, su uso indiscriminado produce impactos negativos sobre el medio ambiente.
Es necesario adoptar comportamientos para que todos los ciudadanos usemos racionalmente la energía sin que esto implique renunciar al confort.
El uso hogareño insume casi el 40% de la energía generada. Es por eso que el compromiso ciudadano es vital.
Esta guía pretende brindar una serie de consejos para desarrollar buenos hábitos que hagan más racional y eficiente el consumo de la energía eléctrica sin que implique perder confort ni prestaciones.
Descargue la guía práctica para el consumo eficiente y responsable de energía en el hogar.pdf1. Los equipos con etiquetado energético de clase A son los más eficientes y pueden ahorrarnos mucho dinero en la factura eléctrica a lo largo de su vida útil.
2. El mantenimiento adecuado y la limpieza de los electrodomésticos prolonga su vida y ahorra energía.
3. No elija aparatos más grandes ni más potentes de lo que necesita. Estará tirando dinero y malgastando energía.
4. Aire acondicionado: en verano sitúe el termostato a una temperatura de 24º C y en invierno a 20º C. Aísle los ambientes y úselos sólo lo necesario.
5. La heladera y el televisor son los electrodomésticos de mayor consumo global, aunque tienen potencias unitarias muy inferiores a otros, como el lavarropas o una plancha.
6. Los lavarropas bitérmicos ahorran energía, dinero y tiempo. Nunca usarlos a más de 60º C.
7. Es conveniente apagar totalmente los televisores y los equipos con información en ventanas digitales (displays) cuando no los utilizamos.
8. Elija computadoras e impresoras que tengan sistemas de ahorro de energía.
9. Los microondas y las ollas a presión ahorran energía.
10. En los puntos de luz que estén encendidos más de una hora al día instale lámparas de bajo consumo o tubos fluorescentes.
Los electrodomésticos, el aire acondicionado y las fuentes de luz son equipamientos de uso común en la vivienda y cuya adquisición depende del usuario.
Comprar un equipo eficiente es importante y sencillo gracias a la etiqueta energética que constituye una herramienta informativa al servicio del consumidor. Actualmente, su uso es obligatorio en lámparas, lavarropas, heladeras y equipos de aire acondicionado.
El etiquetado energético permite al consumidor conocer de forma rápida la eficiencia energética de un electrodoméstico y tienen una parte común, que hace referencia a la marca, denominación del aparato y clase de eficiencia energética.
Existen siete clases de eficiencia identificadas por un código de colores y letras que van desde el verde y la A para los equipos más eficientes, hasta el rojo y la G para los equipos menos eficientes.
Es muy importante saber que el consumo de energía, para prestaciones similares, puede llegar a ser casi tres veces mayor en los electrodomésticos de la clase G, que en los de clase A.
A lo largo de la vida útil de un electrodoméstico, el gasto en la factura eléctrica puede ser varias veces superior a su precio de adquisición. Por ello, a la hora de la compra, hay que fijarse en el consumo de energía y optar, al menos por los de clase C.
La mayor parte de la energía que consumen (entre el 80 y el 85%) se utiliza para calentar el agua, por lo que es muy importante recurrir a los programas de baja temperatura. El consumo eléctrico lo realiza la resistencia que calienta el agua, esta resistencia suele ser de una potencia de unos 1.850 W, mientras que la potencia total instalada en la lavadora no supera los 2.200W. Así la mayor parte del consumo eléctrico lo produce la resistencia al calentar y no el motor durante el centrifugado.
Si bien su uso no está muy extendido, es uno de los electrodomésticos que más energía consumen y el 90% de ese consumo corresponde al proceso de calentar el agua.
Es un gran consumidor de energía, cada vez más empleado pues proporciona una gran comodidad, pero se recomienda su uso a situaciones de urgencia o cuando las condiciones climatológicas no permitan el secado tendiendo la ropa al sol. En cualquier caso, es conveniente centrifugar la ropa antes de meterla en la secadora.
El consumo en iluminación representa en promedio entre el 25 y 35% del consumo energético residencial. La reducción en el consumo de energía eléctrica por iluminación equivale a ahorros importantes en la demanda y en la factura de la electricidad.
Para conseguir una buena iluminación hay que analizar las necesidades de luz en cada una de las partes de la vivienda, ya que no todos los espacios requieren la misma luz, ni durante el mismo tiempo, ni con la misma intensidad. Resulta importantísimo aclarar la idea equivocada, pero muy extendida, de asociar la “luz” que proporciona una bombita con la “cantidad” de electricidad necesaria para producirla. Hablamos, así, de una lámpara de 60 o de 100 watts (W) como sinónimos de bombitas que producen una cierta luminosidad, cuando, en realidad, el vatio es una unidad de potencia y la luz tiene su propia unidad de medida, el “lumen”.
La eficacia luminosa de una lámpara es la cantidad de luz emitida por unidad de potencia eléctrica (W) consumida.
Se mide en lúmenes por watt y permite comparar la eficiencia de unas fuentes de luz con respecto a otras.
La eficacia luminosa de las lámparas incandescentes se sitúa entre los 12 lm/W y los 20 lm/W, mientras que para las lámparas fluorescentes va desde los 40 lm/W a los 100 lm/W.
Las bombillas incandescentes sólo aprovechan en iluminación un 5% de la energía eléctrica que consumen, el 95% restante se transforma en calor, sin aprovechamiento luminoso.
Lámparas incandescentes: la luz se produce por el paso de corriente eléctrica a través de un filamento metálico, de gran resistencia. Son las de mayor consumo eléctrico, las más baratas y las de menor duración (1.000 horas).
Lámparas halógenas: tienen el mismo fundamento que las anteriores. Se caracterizan por una mayor duración y la calidad especial de su luz. Existen lámparas halógenas que necesitan de un transformador. Los transformadores de tipo electrónico disminuyen la pérdida de energía con respecto a los convencionales; y el consumo final de electricidad (lámpara más transformador) puede ser un 30% inferior al de las convencionales.
Tubos fluorescentes: se basan en la emisión luminosa que algunos gases emiten al paso de una corriente eléctrica. La eficacia luminosa resulta así mucho mayor que en el caso de la incandescencia puesto que en este proceso se produce un menor calentamiento y la electricidad se destina, en mayor proporción, a la obtención de la propia luz. Son más caros que las incandescentes, pero consumen hasta un 80% menos de electricidad para la misma emisión luminosa y tienen una duración entre 8 y 10 veces superior. Los tubos del tipo trifósforo o multifósforo dan entre un 15 y 20% más de iluminación que los tubos estándar para un mismo consumo eléctrico. Los equipos con reactancia electrónica de alta frecuencia son más eficientes.
Lámpara de bajo consumo: son pequeños tubos fluorescentes que se han ido adaptando progresivamente al tamaño, las formas y los soportes (los casquillos de rosca) de las lámparas a las que estamos habituados: por esta razón, las lámparas de bajo consumo son conocidas también como “compactas”. Son más caras que las convencionales aunque, por el ahorro en electricidad, se amortizan mucho antes de que termine su vida útil. Duran alrededor de seis veces más que las incandescentes (6.000 horas) y proporcionan la misma luz, consumiendo apenas cerca del 20% de la electricidad. Es por eso que su uso es enormemente recomendable.
Se pueden conseguir ahorros importantes en iluminación sectorizando el alumbrado de forma que se enciendan las luces cercanas a las llaves de la luz.
El aire acondicionado es uno de los equipamientos que más rápidamente está creciendo en el sector doméstico.
Tipos de aparatos de aire acondicionado:
Sistemas compactos y sistemas partidos: tienen el evaporador y el condensador dentro de una misma carcasa. Los más habituales son los de tipo ventana que poseen una unidad exterior (condensador) y otra interior (evaporador), conectadas por conducciones frigoríficas para que pueda circular el refrigerante. A igualdad de potencia, la unidad evaporadora y la condensadora son mayores en los sistemas partidos, lo que les permite alcanzar mayores rendimientos que los equipos de ventana.
Transportables: hay os versiones: una que expulsa el aire al exterior a través de un tubo; y otra que tiene una especie de “maleta”, que no es otra cosa que el condensador, que hay que situar en el exterior de la zona a climatizar. Son menos eficientes que los equipos de pared.
Sistemas reversibles y no reversibles: si un equipo sólo es capaz de suministrar frío o, por el contrario, únicamente da servicio de calefacción, se dice que no es reversible. Cuando está diseñado para poder invertir el ciclo del refrigerante y suministrar frío o calor, según convenga, se dice que es reversible. Los equipos de bomba de calor son aparatos reversibles que pueden dar frío o calor según se requiera.
Sistemas evaporativos: aunque en sentido estricto no son aparatos de aire acondicionado, sirven para refrescar el ambiente de un local unos pocos grados, lo cual en muchos casos puede ser suficiente. Su principio de funcionamiento se basa en hacer pasar una corriente de aire por una bandeja llena de agua que, al evaporarse, humedece la atmósfera y la enfría. Son especialmente adecuados para zonas secas. El consumo de estos equipos es muy bajo.
Es importante dejarse aconsejar por un profesional cualificado sobre el tipo de equipamiento y potencia que mejor responda a nuestras necesidades de frío/calor, dependiendo de las características de las habitaciones a climatizar.
La adaptación del cuerpo a las condiciones climáticas del verano y el hecho de llevar menos ropa y más ligera, hacen que una temperatura de 25° C, en esta época, sea más que suficiente para sentirse cómodo en el interior de una vivienda. En cualquier caso, una diferencia de temperatura con el exterior superior a 12° C no es saludable.
Hay que tener en cuenta que, para el mismo nivel de prestaciones, hay aparatos que consumen hasta un 60% más de electricidad que otros.
Por otro lado, los materiales con la que se construyó, la orientación y el diseño de la vivienda misma influyen de manera muy importante en las necesidades de climatización.
En el aire acondicionado se pueden conseguir ahorros de energía superiores al 30% instalando toldos en las ventanas donde más da el sol, evitando la entrada de aire caliente en el interior de la vivienda y aislando adecuadamente muros y techos.
En ocasiones, basta mantener el aparato en la posición de ventilación, intercambiando el aire de dentro de la casa con el de fuera, siempre que el del exterior esté más fresco; con ello conseguiremos ahorros importantes de energía.La temperatura a la que programamos la calefacción condiciona el consumo de energía de nuestro sistema de calefacción y por cada grado que aumentemos la temperatura, se incrementa el consumo de energía aproximadamente en un 7%.
Aunque la sensación de confort sea subjetiva, una temperatura de entre 19 y 21º C es suficiente para la mayoría de personas. Además, por la noche, en los dormitorios basta una temperatura de 15 a 17° C para sentirnos confortables.
Las necesidades de calefacción de una vivienda no son constantes ni a lo largo del año ni a lo largo del día pues la temperatura exterior varía, aumentando gradualmente desde que amanece hasta primeras horas de la tarde para luego volver a descender.
También sabemos que unos días son más fríos que otros, e incluso que no se necesita el mismo calor en todas las habitaciones de una vivienda. En las habitaciones que se empleen de día (zona de día) la temperatura deberá ser mayor que en los dormitorios (zona de noche).
Además, tampoco ocupamos nuestra casa, día a día, de la misma manera: hay espacios, por ejemplo la cocina, que tienen sus propias fuentes de calor y requieren menos calefacción.
Por lo tanto, es muy importante disponer de un sistema de regulación de la calefacción que adapte las temperaturas de la vivienda a nuestras necesidades.
En condiciones normales, es suficiente encender la calefacción por la mañana. Por la noche, salvo en zonas muy frías, se debe apagar la calefacción, ya que el calor acumulado en la vivienda suele ser suficiente (sobre todo si se cierran persianas y cortinas) para mantener por la noche, en los dormitorios, una temperatura entre 15 y 17° C.
Un procedimiento sencillo, y al alcance de todos, consiste en bajar la temperatura del termostato en 4 ó 5° C cuando nos vayamos de casa por un periodo prolongado y volverlo a subir cuando lleguemos.
Aislamiento
Si va a construir o rehabilitar una casa no escatime en aislamiento para los cerramientos exteriores. La aislación general de paredes y techos, permite ahorrar entre 30 y 60 % de la demanda en calefacción o entre 25 y 30% si se aíslan solamente techos. Se obtienen, además, beneficios adicionales como temperatura más estable; protección frente a posibles humedades; mayor sensación de confort y mejor aislamiento acústico de ruidos exteriores.
La infiltraciones constituyen entre el 40 y 80% de las causa por pérdidas de calor en edificios.
Si bien no son aparatos de grandes consumos, su uso intensivo los coloca en un lugar importante a la hora de ahorrar energía. Los televisores representan aproximadamente un 10% del consumo eléctrico de las familias y, después de las heladeras, son el equipo de mayor consumo a nivel global.
Los artefactos que se manejan a control remoto como ser: televisores, videocaseteras, minicomponentes y otros que permanecen conectados todo el día en espera de ser puestos en funcionamiento, poseen una fuente de alimentación que está consumiendo energía inútilmente mientras está apagado. Una forma de ahorrar sería conectarlo solo cuando lo vamos a utilizar.
Un televisor, en el modo de espera o “stand by” puede consumir hasta un 15% del consumo en condiciones normales de funcionamiento. Por ello, para ausencias prolongadas o cuando no se esté viendo la televisión, conviene apagarlo totalmente.
En la última década, estos equipamientos han crecido en gran forma.
La pantalla es la parte de la PC que más energía consume y tanto más cuanto mayor es. Las pantallas planas (TFT) consumen menos energía que las convencionales.
Los equipos con etiqueta "Energy Star" tienen la capacidad de pasar a un estado de reposo transcurrido un tiempo determinado en el que no se haya utilizado el equipo.
En este estado (modo de baja energía) el consumo de energía es como máximo de un 15% del consumo normal.
Es uno de los grandes consumidores del hogar, como todos los aparatos que generan calor con energía eléctrica.
El calentador eléctrico representa uno de los mayores gastos de energía. Su reemplazo por termotanque a gas de alta recuperación: 60 a 70%.
Según la energía que utilizan cabe distinguir dos tipos de cocinas: a gas y eléctricas. Las eléctricas pueden ser de resistencias convencionales, de tipo vitrocerámico o de inducción.
Las cocinas de inducción calientan los alimentos generando campos magnéticos y son mucho más rápidas y eficientes que el resto de las cocinas eléctricas aunque, en general, se puede afirmar que las cocinas eléctricas son menos eficientes que las de gas.
En una placa eléctrica, si utilizamos una olla abierta y con un fondo mal difusor de calor, mantener en ebullición 1,5 litros de agua, exigiría una potencia de 850 W, frente a los 150 W que se requerirían con una olla a presión con fondo grueso difusor.
Una casa con cerramientos o vidrios inadecuados, aislamiento insuficiente e instalaciones de calefacción, agua caliente y refrigeración de mala calidad, además de no ser confortable, puede pasar una factura muy cara, debido a su alto consumo energético.
Al comprar una vivienda o al reformarla, es importante que las instalaciones energéticas sean de buena calidad.
Si va a construir una casa, le conviene saber que puede ahorrar mucho dinero en la factura energética teniendo en cuenta aspectos como la localización del edificio y el microclima en el que se integrará, para adaptarlo inmueble al enclave en el que será construido.
Un edificio mal orientado y con una forma inadecuada puede necesitar más del doble de energía que uno similar bien diseñado y orientado.
La forma juega un papel esencial en las pérdidas de calor de un edificio. En líneas generales, se puede afirmar que las estructuras compactas y con formas redondeadas tienen menos pérdidas que las estructuras que tienen numerosos huecos, entrantes y salientes. La orientación de los muros y ventanas de un edificio influyen decisivamente en las ganancias o pérdidas de calor de un edificio. En zonas frías interesa que los cerramientos de mayor superficie, los vidrios y las habitaciones de mayor uso estén orientadas al norte. En zonas muy calurosas, interesa que haya la menor superficie acristalada en las orientaciones con más radiación solar.
Actuando sobre la envolvente, o piel del edificio, se pueden captar, conservar y almacenar recursos energéticos del entorno inmediato. Además, el modo en que se coloquen los diversos huecos, y la distribución de las distintas habitaciones podrá facilitar la ventilación natural.
Las ventanas, invernaderos y patios, con una adecuada orientación, permiten que la radiación solar penetre directamente en el espacio a calentar en invierno, mientras que en verano la disposición de los elementos de sombreado, como toldos y persianas también podrá evitar ganancias de calor.
Actuando sobre aspectos como el color de las paredes o los techos, podemos ahorrar energía.
Los árboles, arbustos y enredaderas, ubicados en lugares adecuados, no sólo aumentan la estética y la calidad ambiental, sino que proporcionan sombra y protección ante el viento.
Por otra parte, el agua que se evapora durante la actividad fotosintética enfría el aire y se puede lograr una pequeña bajada de temperatura, de entre 3 y 6° C, en las zonas arboladas.
Asimismo, los árboles de hoja caduca ofrecen un excelente grado de protección del sol en verano y permiten que el sol caliente la casa en invierno.
Además, si rodeamos de vegetación el edificio, en lugar de pavimento de cemento, asfalto o similares, lograremos disminuir la acumulación de calor y evitar un importante consumo de agua.
Puede ahorrarse energía en iluminación a través de diseños que consigan la máxima ganancia de luz, sin un sobrecalentamiento indeseado.