Rodrigo de Loredo: “El Arsat-3 será financiado en parte por un privado que participará del negocio en la misma proporción”

La compañía estatal satelital avanza en el objetivo principal de su gestión que es conectar a 1.300 localidades del Plan Federal de Banda Ancha. En paralelo, continúa las gestiones para la construcción del Arsat-3 que también tendrá como tarea cumplir con esa misión. Las negociaciones.

 

Andrea Catalano – BAE. La empresa estatal Arsat finalizará 2017 con un superávit casi tres veces más grande que el registrado en 2016, las proyecciones para el año próximo son de crecimiento. Y en ese marco, además de continuar con el proyecto para llevar conectividad a 1.300 localidades del país, avanza el plan para la construcción del Arsat-3 luego de un trabajo de rediseño con el INVAP y la búsqueda de un inversor que aporte para su construcción y que, además, participe del futuro negocio que abrirá ese vehículo.

Así lo confirmó Rodrigo de Loredo, presidente de Arsat, en un diálogo que mantuvo con iProfesional donde no sólo ratificó que se avanzará con el tercer satélite argentino sino también con el despliegue de la red de fibra óptica, además del apagón analógico, cuyas primeras pruebas se iniciaron este año en Tierra del Fuego y La Quiaca, en Jujuy.

El funcionario expresó que todos los proyectos de la compañía estatal siguen en marcha gracias al buen desempeño económico-financiero. Y destacó que, tras haber logrado un superávit de $102 millones en 2016, el 2017 se cerrará con $290 millones y se prevé que, para 2018, se alcancen los $400 millones por ese concepto.

“Arsat se está consolidando en sus objetivos, con un modelo de gestión cuyos atributos son trasladables a los de cualquier empresa privada. Arsat no recibe aportes del Tesoro y cumple con sus objetivos de sector público”, aseveró De Loredo.

El directivo indicó que, para llegar a esas cifras, se trabajó en tres frentes:

  • se implementó una agresiva estrategia de ahorro de costos.
  • se vendió el 90% de la capacidad del Arsat-2.
  • se dio vuelta la conformación de los ingresos provenientes de la red de fibra óptica, cuyo 60% proviene ahora del sector privado.

De Loredo profundizó en cada uno de los puntos, y además de cuestionar a la gestión anterior, sobre la que, dijo, se caracterizó por “la desidia y onerosidad en ciertas compras, por ser políticamente correcto. Además de advertirse cierta liviandad en la ejecución del management”, también puntualizó los aspectos sobre los que se produjeron fuertes cambios a nivel de negocio.

Fue cuando subrayó que “de los 1145 mhz en la banda KU (para servicios comerciales y de telecomunicaciones) sólo quedan 72 mhz libres. Esto fue lo más importante, además de haberse encarado un esfuerzo comercial en todas las unidades de la empresa”. Los servicios del Arsat-2 se venden en los Estados Unidos, Canadá y diversos países de la región.

¿Qué pasará con la construcción del Arsat-3?, en este marco, consultó este medio.

De Loredo recordó que el objetivo primario de la empresa estatal es conectar a 1.300 localidades alejadas a mediados de 2019, tal como se previó en el Plan Federal de Banda Ancha. Su concreción está relacionado también con el futuro Arsat-3.

La compañía prevé avanzar con la construcción del tercer satélite, a partir de un esquema de financiamiento que se verá en su momento con el interesado elegido para tal fin.

Con extremo cuidado, De Loredo se preocupó por asegurar no sólo que se avanzará con la fabricación del nuevo satélite, sino que también será una tarea que efectuará el INVAP, tal como ocurrió con los satélites anteriores. Y que el Estado será el encargado de operarlo, aunque en un esquema de negocio que lo llevará a compartir las ganancias con aquel que resulte elegido para su construcción.

“Al Arsat-3 lo vamos a lanzar, sin aportes del Tesoro. Queremos que vengan inversores privados, que lo construya el INVAP y sus proveedores, y lo opere la empresa estatal, en estricto cumplimiento de la legislación”, subrayó a iProfesional. Y agregó que se trata de “parámetros innegociables”.

El presidente de la compañía satelital estatal confirmó que sigue vigente la negociación con Hughes, con la que en junio pasado habían firmado una carta de intención para avanzar con la financiación del tercer satélite en un esquema de 51% por parte del privado y 49% por el Estado.

Sin embargo, también señaló que existen conversaciones con otros proveedores de servicios satelitales, todos de reconocimiento internacional. Y aunque no le puso fecha a un eventual acuerdo final con alguno de ellos sí enfatizó que, en el marco de las negociaciones, la Argentina no correrá el riesgo de perder las reservas de posición orbital que hoy tiene.

Hace un tiempo trascendió que, de no avanzarse con la fabricación de este tercer vehículo, el país perdería la posición orbital 81° O. Esa reserva, que se gestiona ante la Unión Internacional de las Telecomunicaciones (UIT), vence en septiembre de 2019. En virtud de que aún ni siquiera se cerró un acuerdo con ningún inversor para la construcción del futuro satélite, se prevé que no se cumplirán con los tiempos para ponerlo en funcionamiento, con el consiguiente riesgo de pérdida de la posición orbital que eso implica.

De Loredo señaló que “quienes están interesados en esta situación pueden quedarse absolutamente tranquilos por la multiplicidad de opciones estratégicas que se están encarando para que la Argentina acreciente su soberanía y cuente con más opciones. Hemos presentado pedidos de reservas en otras posiciones, siempre en nombre del Estado argentino”.

Una situación similar ya ocurrió en 2004, cuando la Argentina no cumplió con la construcción de un nuevo satélite, el Nahuel II, (en ese entonces, a cargo de Nahuelsat, una empresa privada) y para no perder la posición orbital, quien en esa época era Secretario de Comunicaciones, Guillermo Moreno, se ocupó de gestionar la prórroga.

En paralelo, el ex funcionario se encargó de ocupar ese lugar del espacio. Y en 2005 le alquiló un vehículo a Canadá, al que Moreno llamó PepeSat, para cumplir con esa exigencia. Ese satélite estuvo allí hasta que finalizó su vida útil y en el medio continuaron realizándose gestiones con el objetivo de mantener la reserva de la posición orbital.

Negociaciones idénticas podrían encararse en esta oportunidad. Los cambios que se introdujeron en el Arsat III tienen que ver, como se dijo al principio, con su rediseño, producto de los objetivos que cumplirá.

“Antes el Arsat-3 iba a operar en banda KU y KA, con una capacidad de 7 GB. Ahora, el INVAP está trabajando en el rediseño para que opere sólo en banda KA, con una capacidad de 40 GB, es decir, mucho más potente”, declaró el funcionario.

La banda KA permite dar servicios de internet satelital a precios mucho más económicos que los actuales. Eso permitirá llegar a las zonas rurales además de cumplir con el plan de digitalización de Modernización, indicó.

Es decir, el negocio del Arsat-3 será proveer internet satelital a zonas rurales y digitalizar a los organismos estatales distribuidos en todo el territorio nacional. Su alcance se limitará al territorio nacional. Ese será su negocio principal. Y aquí es donde se explica el mecanismo de inversión y compartimiento de ingresos que se prevé para su futura construcción.

“El Arsat-3 costará entre u$s230 y u$s250 millones. La inversión que se busca rondaría los u$s100 millones, es decir, menos de la mitad. El resto provendrá por lo generado por la empresa Arsat. El esquema que se contempla es compartir los ingresos en la misma proporción en que se financiará su construcción en un esquema de participación público-privada”, explicó.

“Uno de los principales clientes de este satélite será el Estado”, amplió. Y en momentos en que se advierte que el Gobierno actual avanza en un plan de digitalización de la administración pública nacional, provincial y municipal, donde no hay prejuicio por contratar a proveedores extranjeros o nacionales, que una empresa de otro país quiera venderle servicios al Gobierno argentino tiene sentido. Aún cuando su participación en ese futuro negocio sea minoritaria.

Esto se impulsa en paralelo a las acciones implementadas sobre la red de fibra óptica (REFEFO) de la empresa estatal, que ya posee 24.700 kilómetros iluminados, es decir, en servicio. Que también apunta a conectar a las localidades alejadas, además de generar ingresos adicionales para cumplir con esa meta.

“Cambiamos los ratios de los ingresos de la REFEFO. Antes, más del 60% de los ingresos provenían del sector público mientras que hoy ese porcentaje se origina desde el sector privado”, apuntó.

La REFEFO continúa en construcción, amplió. El objetivo será terminar un tendido de 34.000 kilómetros a mediados de 2019. “Tendidos e iluminados”, subrayó. Esa infraestructura se financia con los fondos de Servicio Universal (FSU), aportado por el 1% de la facturación de las empresas de telecomunicaciones que actúan en el país.

A través de esa red se buscará cumplir con el objetivo de conectar a 1.300 localidades del país, tal como lo prevé el Plan Federal de Banda Ancha. A esta altura, ya hay 355 pueblos alcanzados por la REFEFO, y se prevé llegar a fin de año con 410 poblaciones alejadas o sin acceso a internet.

Para el año próximo, se estima acelerar el ritmo para conectar a más pueblos. De hecho, ya se prevé que se cuente con otros $1.300 millones para cumplir con ese objetivo, provenientes del FSU. La decisión final del monto está en manos del Ente Nacional de Comunicaciones (Enacom), a cargo de Miguel de Godoy, y responsable de la administración de ese fondo.

De Loredo aprovechó para destacar que se está midiendo el impacto que está provocando el costo de u$s18 por mb mayorista, contra valores que hasta hace un tiempo atrás podía ser al menos cinco veces superior en algunas localidades.

“Esto está aplanando el valor del mega en la República Argentina. Esto forma parte de una política pública que potencia el desarrollo del país. Y La Argentina no se proyectará al desarrollo si no digitaliza al sector público, a la economía y favorece la convergencia”, concluyó.

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